El rol del Medical Science Liaison (MSL) está atravesando una transformación que va mucho más allá de la incorporación de nuevas herramientas digitales. A medida que la industria farmacéutica incorpora inteligencia artificial, medicina de precisión, evidencia del mundo real y nuevas formas de interacción con los profesionales de la salud, también cambia el perfil de quienes funcionan como puente entre la ciencia, los equipos de Medical Affairs y los distintos actores del sistema sanitario.
Un artículo publicado por The MSL Journal plantea cuáles serán las principales competencias que deberán desarrollar los MSL de cara a 2030. El punto de partida es claro: el profesional del futuro ya no será solamente un especialista científico capaz de intercambiar información con líderes de opinión (KOL), sino alguien con capacidad para interpretar datos, comprender tecnologías emergentes, generar insights y participar activamente en decisiones estratégicas.
Entre las capacidades que ganarán protagonismo aparece, en primer lugar, el manejo de inteligencia artificial y Big Data. Para los MSL, esto no implica convertirse en especialistas en programación, sino adquirir suficiente alfabetización tecnológica para comprender cómo se generan y utilizan modelos predictivos, biomarcadores, herramientas de apoyo a decisiones clínicas y otras aplicaciones de IA. La capacidad de traducir esos resultados a un lenguaje científicamente sólido será cada vez más importante en la interacción con profesionales de la salud y dentro de las propias compañías.
A esa dimensión tecnológica se suma el análisis de datos. La evidencia del mundo real (RWE), los datos provenientes de historias clínicas electrónicas, la información de los sistemas de salud y los resultados de las interacciones con profesionales generan un volumen de información que puede aportar valor más allá del intercambio científico. El desafío para el MSL será poder identificar patrones, conectar distintas fuentes y convertir esos datos en insights que ayuden a orientar decisiones de Medical Affairs, acceso, desarrollo clínico o estrategia de producto.
Pero la transformación del puesto no se limita a la tecnología. La comunicación seguirá siendo una de las herramientas centrales, aunque con nuevas exigencias. El artículo destaca la importancia del pensamiento creativo para lograr que información científica compleja pueda transmitirse de manera clara y relevante. En este escenario, saber construir una narrativa, utilizar recursos visuales y adaptar la conversación al interlocutor puede resultar tan importante como dominar los datos.
También habrá una mayor demanda de liderazgo. Los MSL suelen trabajar sin tener autoridad jerárquica sobre los equipos con los que interactúan, pero necesitan influir en decisiones y generar colaboración tanto dentro como fuera de la organización. La credibilidad científica seguirá siendo la base de esa influencia, aunque deberá estar acompañada por habilidades de comunicación, negociación y construcción de relaciones.
En ese vínculo con los profesionales de la salud, la empatía y la escucha activa aparecen como competencias especialmente relevantes. El intercambio científico no consiste únicamente en transmitir información: también implica comprender cuáles son las preocupaciones, necesidades y barreras que enfrenta cada interlocutor. Para el MSL, escuchar mejor puede significar obtener insights más útiles y construir relaciones de mayor confianza en el largo plazo.
Otro de los cambios estará relacionado con la necesidad de comprender el sistema sanitario como un todo. El concepto de systems thinking propone que el MSL pueda conectar variables clínicas, regulatorias, económicas y de acceso, en lugar de analizarlas como compartimentos separados. Esta mirada puede ayudar a identificar brechas de evidencia y comprender cómo las decisiones de financiadores, instituciones o políticas sanitarias impactan sobre la práctica médica.
La flexibilidad también aparece entre las competencias necesarias para los próximos años. En un entorno donde cambian las regulaciones, las prioridades de las compañías, los tiempos de lanzamiento y las condiciones de acceso, los profesionales de Medical Affairs tendrán que adaptarse con rapidez. Resiliencia, curiosidad y capacidad para desenvolverse en escenarios de incertidumbre serán parte del perfil esperado.
A esto se suma una dimensión que históricamente podía quedar más alejada del trabajo cotidiano de los MSL: el conocimiento del negocio. La propuesta hacia 2030 apunta a profesionales capaces de entender cómo sus insights científicos pueden contribuir a los objetivos generales de la organización, siempre respetando las fronteras entre Medical Affairs y las funciones comerciales. Tener una mirada más amplia sobre estrategia, acceso y ciclo de vida de los productos permitirá que la información obtenida en el campo tenga mayor impacto dentro de la compañía.
El desarrollo profesional también cambiará. El artículo plantea que la carrera del MSL debería pensarse como un recorrido más amplio y no necesariamente como un destino final. La construcción de una marca profesional, la participación en congresos, la generación de contenidos y el desarrollo de redes de conocimiento pueden abrir caminos hacia posiciones de liderazgo en Medical Affairs, estrategia, innovación digital, desarrollo clínico o consultoría.
En total, la propuesta identifica 14 capacidades para preparar al MSL para este nuevo escenario: inteligencia artificial y Big Data, alfabetización tecnológica, pensamiento analítico y creativo, liderazgo e influencia social, resiliencia y flexibilidad, empatía y escucha activa, aprendizaje continuo, pensamiento sistémico, autoconocimiento, orientación al servicio, mentoring, visión de negocios y desarrollo de carrera.
La conclusión es que el MSL de 2030 tendrá un perfil bastante diferente al tradicional. La expertise científica seguirá siendo indispensable, pero ya no alcanzará por sí sola. La combinación de ciencia, tecnología, datos, estrategia y habilidades interpersonales será la que determine la capacidad de estos profesionales para generar valor dentro de las organizaciones y en sus vínculos con el ecosistema de salud.
Para la industria farmacéutica, el desafío no será solamente incorporar nuevas tecnologías, sino preparar a sus equipos para trabajar con ellas. Y para los propios MSL, la oportunidad estará en ampliar su campo de acción: pasar de ser referentes de conocimiento científico a convertirse en profesionales capaces de interpretar un escenario sanitario cada vez más complejo y traducirlo en decisiones, conexiones e innovación.
Fuente: The MLS Journal.














