Las revoluciones farmacéuticas

     Introducción

Haciendo un parangón con las 4 revoluciones industriales, mencionaremos los hitos farmacéuticos más determinantes en la historia de la medicina, aunque por supuesto es materia opinable.
La búsqueda de una cura contra las enfermedades, dolores o trastornos que afectan al hombre data desde la existencia de las primeras civilizaciones. Es decir, desde el principio los hombres y mujeres han buscado acabar con las afecciones que los aquejaban y alcanzar una mejor calidad de vida.

En la antigüedad -y hasta avanzada la edad moderna- todo se hacía con los elementos que la naturaleza brindaba, dado que no había tecnología ni recursos para hacerlo de otra manera.
El primer hito fue el descubrimiento de la estructura molecular, y a partir de entonces, fue posible imitarla a través de la síntesis, allanando el camino de la farmacología moderna. El ácido acetilsalicílico fue la consecuencia de mayor relevancia de este gran paso científico. Algunos años después, hacia 1921, F.G. Banting y C.H. Best consiguieron aislar insulina a partir de páncreas de animales y aportaron un primer tratamiento para los pacientes diabéticos más allá del control de la dieta. Este fue el segundo gran hallazgo.

No obstante, muchos son los que afirman que el verdadero punto de inflexión en la historia de la medicina se dio de la mano de A. Fleming con el descubrimiento la penicilina (tercer y más importante hito). En ocasiones, las circunstancias realzan determinados inventos. Este fue lo que ocurrió con la penicilina, ya que su producción coincidió con la Segunda Guerra Mundial. Este antibiótico redujo las muertes (y amputaciones) de miles de soldados.

En la década del ‘50 -ya finalizada la guerra y con las potencias en vías de recuperación- las investigaciones de científicos principalmente en Europa y Estados Unidos llevaron al descubrimiento de más analgésicos y antibióticos. Además, se hallaron decenas de otros medicamentos que establecieron de manera impensada el posible tratamiento de enfermedades que antes se creían incurables. Una década después, llegó la cuarta revolución farmacéutica: la píldora anticonceptiva. El cambio de paradigma fue rotundo, ya que la mujeres comenzaron a controlar su sexualidad y en consecuencia, la natalidad.

      La quinta revolución farmacéutica

Un ejemplo concreto de cómo la investigación científica moderna aplicada a los medicamentos puede tener un alto impacto en el tratamiento de las enfermedades es el descubrimiento de los anticuerpos monoclonales, que realizaron en 1975 el argentino César Milstein, el británico Niels Jerne y el alemán Georges Köhler, que les valió el Premio Nobel de Medicina.

Los anticuerpos monoclonales son un tipo de proteína producida en el laboratorio que se puede unir a sustancias del cuerpo. Para el tratamiento del cáncer, se utilizan para transportar medicamentos, toxinas o materiales radiactivos directamente hasta las células cancerosas. De esta forma, se logró cambiar el paradigma del tratamiento de varios tipos de cáncer.

El progreso científico en biotecnología permitió desarrollar terapias avanzadas, concepto que incluye tanto la terapia génica y la celular como la ingeniería tisular. Así, la innovación posibilitó nuevas alternativas terapéuticas para decenas de enfermedades, como la diabetes o la artritis reumatoidea (además del cáncer). La biotecnología llegó para quedarse, y es por ello que la consideramos la quinta (y actual) revolución farmacéutica.

      Las vacunas

En el último año, todos nos hemos hecho expertos en vacunas. El Covid 19 nos obligó a tomar un curso acelerado sobre la función e importancia de las mismas.


Las vacunas también implicaron una revolución farmacéutica por prevenir enfermedades que antes resultaban mortales, pero por tratarse de otro tipo de productos las trataremos separadamente del resto.
Las primeras investigaciones se hicieron con la viruela y la rabia, a fines de los siglos XVII y XIX, pero el gran salto cuantitativo y cualitativo lo dieron Jonas Salk y Albert Sabin a mediados del siglo XX. Fueron quienes trajeron al mundo la vacuna de poliomielitis, que evitaron la muerte y discapacidad de miles de niños.

Otras enfermedades potencialmente mortales como la difteria, la rubeola, el sarampión y el tétanos también lograron prevenirse con las vacunas, la estrategia de salud más eficiente luego del acceso al agua potable.

 

 

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