Bristol-Myers Squib, tradición e innovación

       Introducción

Bristol-Myers Squibb, a menudo conocida como BMS, es una compañía farmacéutica con sede en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos. La empresa se formó en 1989, tras la fusión de sus predecesores Bristol-Myers y Squibb.

En 1999, el Presidente Bill Clinton le otorgó a la organización la medalla nacional de tecnología, máximo reconocimiento del país hacia la innovación, por “extender y mejorar la vida humana a través de la investigación farmacéutica”. Sin dudas, BMS combina de forma única los recursos de un laboratorio farmacéutico tradicional con el espíritu y agilidad de una empresa de innovación biotecnológica.

 

      Squibb, la combinación perfecta: raíces médicas y militares

En trabajos anteriores, hemos mencionado las enseñanzas, e incluso el legado, que la estrategia militar ha dejado en la estrategia empresaria (citamos los ejemplos de Searle y Eli Lilly). El caso de Edward Squibb tiene ciertas similitudes, ya que si bien no fue un militar de carrera, desarrolló parte de su profesión (¡médico!) en dicho ámbito.

Squibb, inmediatamente después de graduarse de la escuela, se convirtió en médico de barco en la Marina de los Estados Unidos , sirviendo durante la Guerra México-Americana en curso. Después del conflicto bélico, dirigió la estación médica del Hospital Naval de Brooklyn.

Durante esa experiencia, Edward se desilusionó con la mala calidad de los medicamentos utilizados en los buques militares. Tal indignación lo llevó a inventar en 1854 un método mejorado para destilar éter, un anestésico muy empleado. Él regaló su método de destilación, en lugar de patentarlo con fines de lucro. Squibb fue una verdadera leyenda que transcendió incluso a la industria farmacéutica.

Finalmente, en 1858 Edward fundó la compañía. Su laboratorio se quemó tres veces y, en una de esas ocasiones, una explosión de éter lo dejó gravemente quemado. La fortaleza de Squibb para afrontar estos contratiempos, sumada a la combinación de sus conocimientos médicos y militares, no podía generar otro resultado que una compañía fuerte, legendaria y con cierto halo místico.

Bristol-Myers, el clásico origen universitario

Las historias universitarias, particularmente las norteamericanas, son fascinantes. Es allí donde se pergeñaron varias empresas gigantescas, como Facebook. Lo mismo sucedió con Bristol-Myers.

Debemos remontarnos al siglo 19 para relatar esta historia. En 1887, William Bristol y John Myers, poco después de graduarse de la universidad Hamilton, decidieron comprar una compañía farmacéutica ubicada en Clinton, Nueva York. Los inicios fueron difíciles ya que la empresa no lograba la rentabilidad deseada. Al poco tiempo, en 1899, Myers murió y nunca llegó a disfrutar de los éxitos venideros.

A comienzos del siglo XX, la empresa pasó a llamarse Bristol-Myers, reconociendo el enorme aporte de John. Su gran avance fue un producto llamado Sal Hepatica, una sal mineral laxante que que ayudó con la dispepsia. El siguiente éxito de la compañía fue Ipana , una pasta de dientes con un ingrediente desinfectante que se comercializó como un tratamiento eficaz para las encías sangrantes.
William falleció en 1935, momento en el cual la el laboratorio ya era un conglomerado farmacéutico internacional.

       Legado, presente y futuro

El mejor legado que puede dejar el fundador de una empresa es la educación. En tal sentido, la madrastra de Myers, Mary Myers, creó el “Fondo de Conferencias John Myers” en la universidad Hamilton. Dichas conferencias están diseñadas para crear debates sobre temas que están fuera del alcance del plan estándar de estudios universitarios.
BMS fabrica productos farmacéuticos de prescripción en varias áreas terapéuticas, incluyendo cáncer, VIH, enfermedades cardiovasculares, diabetes, hepatitis, artritis reumatoide y trastornos psiquiátricos. Entre sus productos más taquilleros se encuentran Abilify (aripiprazol), Glucophage (metformina) y numerosos productos biotecnológicos para tratar la artritis reumatoidea.
Para entender el tamaño de la organización, vale la pena subrayar un par de datos. En el 2009, la prestigiosa revista Newsweek había reconocido a Bristol-Myers Squibb dentro del grupo de las 8 corporaciones más grandes de Estados Unidos. Por otro lado, en la actualidad cuenta con más de 40.000 empleados y tiene diversos centros de investigación y desarrollo en todo el mundo, como por ejemplo India y Japón.

Abbott, una promesa de vida

       Comienzos promisorios

Abbott Laboratories fue fundada en 1888 por Wallace Abbott, aunque el verdadero despegue vendría en el siglo XX, más precisamente en 1930, con el lanzamiento de uno de sus productos más conocidos: Nembutal. El principio activo de esta marca era el pentobarbital, un sedante e hipnótico de la familia de los barbitúricos.

Seis años más tarde, la empresa lanzó el Pentotal (tiopentato de sodio), que sería a la postre la inducción anestésica más utilizada en el mundo por más de 50 años, posibilitando el desarrollo de la cirugía moderna. Tal es así que, junto con el metohexital, es hasta ahora el barbitúrico más empleado en la anestesiología clínica. Abbott se constituía tempranamente en un laboratorio de envergadura.

       Expansión

Dos hitos marcaron la expansión de la compañía. En primer término, y como tantas otras veces, un conflicto bélico (en este caso la Segunda Guerra Mundial) sirvió de trampolín para empezar a fabricar a gran escala. Gran Bretaña, que buscaba ayuda para la producción masiva de la penicilina y toda clase de medicamentos para los soldados ingleses, encontró en Abbott el aliado perfecto.
Por otro lado, la aparición de HIV en la década del 80 marcó el comienzo de las actividades de Abbott en el área del inmunodiagnóstico. Rápidamente, en 1985, lanzó al mercado el primer kit para pruebas de detección del HIV en humanos.

       Eslogan, independencia y diversificación

En artículos anteriores hemos caracterizado a los eslóganes de los laboratorios como poco originales y muy repetitivos. Es por ello que destacamos el de Abbott: “una promesa de vida”. Son tres palabras con un enorme valor simbólico, un mensaje tan sencillo como inspirador, que logra transmitir una idea profunda. La llamada “promesa de vida” es una declaración que describe, para todos los stakholders (anglicismo que se traduce como partes interesadas), el desafío de la mejora continua. Por esta razón decidí acompañar el título de Abbott con su eslogan, porque me parece, por lejos, el más original y conmovedor de todos.

Al igual que Servier y Eli Lilly, entre otros pocos laboratorios, Abbott ha conseguido mantenerse independiente, un hecho que siempre es destacable.
Abbott ha conseguido convertirse en un referente mundial. Posee su sede central en Chicago, en el estado de Illinois, y actualmente cuenta con aproximadamente 90.000 empleados. Un gran mérito de la organización ha sido diferenciar claramente sus unidades de negocios, lo que suele equivaler a maximizar la eficiencia.

Analicemos detenidamente la diversificación. Las 6 unidades estratégicas se dividen en Diabetes, Nutrición, Salud Animal, Diagnósticos, Farmacéutica y Biotecnología.

Abbott Diabetes Care es líder en los sistemas de monitoreo de glucosa diseñados para ayudar a las personas a controlar mejor su diabetes. Abbott Nutrición ofrece algunas de las marcas más confiables y reconocidas en pediatría y productos nutricionales para una vida saludable. Asimismo, la División Salud Animal cuenta en su cartera de productos con anestesia para animales, dietas líquidas y otros productos veterinarios. Por otro lado, la División Diagnósticos ofrece una amplia variedad de instrumentos y productos novedosos para los segmentos de laboratorios clínicos y bancos de sangre.

Pero, indudablemente, la División Farmacéutica y Abbvie (la unidad biotecnológica) conforman el corazón de la compañía. La primera de ellas, que cuenta con marcas emblemáticas como Valcote (divalproato de sodio) o Klaricid (claritromicina), hacen de Abbott uno de los laboratorios más grandes del mundo. No obstante, el futuro de la organización descansa en Abbvie. Su producto Humira (adalimumab), indicado para la artritis reumatoidea, es la marca estrella de la empresa. Humira es uno de los productos de mayor facturación mundial (está entre los líderes del selecto club del billón de dólares).

 

Gregorio Zidar

 

 

 

 

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