El año 2025 cerró con un sector farmacéutico en plena transformación, impulsado por avances tecnológicos, mayor complejidad en los perfiles de tratamiento y cambios regulatorios que exigen nuevas formas de acercarse a pacientes y profesionales de la salud. Frente a este escenario, los líderes de comercialización están rediseñando sus enfoques para posicionarse no solo como generadores de valor, sino como facilitadores de experiencias personalizadas que acompañen al paciente y a los equipos clínicos a lo largo del ciclo de atención.
La relación con el paciente se vuelve central: las inversiones en estrategias directas de compromiso—más allá de la publicidad tradicional—permiten ofrecer servicios y apoyo que promueven mejores diagnósticos, acceso a tratamientos y adherencia terapéutica. El uso de plataformas digitales y herramientas de personalización permite que cada interacción sea relevante y ajustada a necesidades individuales, consolidando una relación más estrecha entre la marca y su audiencia.
Al mismo tiempo, la comercialización de terapias dirigidas y especializadas exige una agilidad mayor para identificar y conectar con audiencias más específicas en un ecosistema de atención fragmentado. Las estrategias deben orientarse al entendimiento profundo de perfiles de pacientes y prácticas de prescripción, apoyándose en análisis de datos que superan los métodos tradicionales.
El enfoque de integración horizontal en lugar de vertical está ganando terreno, impulsando alianzas y fusiones que facilitan la entrada a nuevos entornos de atención y fortalecen la presencia en diferentes puntos de cuidado. Esta orientación obliga a las marcas farmacéuticas a repensar no solo dónde se comunican, sino con qué socios y recursos cuentan para sostener dichas conexiones.
Un elemento clave en la agenda para 2026 es la adopción de inteligencia artificial (IA) como parte integral del presupuesto comercial. Las compañías están destinando recursos significativos a herramientas de IA que automatizan tareas repetitivas, mejoran la eficiencia operativa y potencian decisiones estratégicas, liberando tiempo del equipo humano para enfocarse en actividades que agregan valor diferencial.
Finalmente, la capacidad para recolectar, integrar y generar evidencia del mundo real (RWE) se convierte en una ventaja competitiva decisiva. Los datos fundamentados en resultados fuera de los ensayos clínicos tradicionales permiten demostrar valor de manera más contundente, fortalecer propuestas ante pagadores y profesionales, y enriquecer la narrativa de las marcas al incorporar indicadores que importan tanto a la práctica clínica como a la toma de decisiones de los pacientes.
En suma, 2026 será un año en el que la personalización con propósito, el uso estratégico de tecnología y una comprensión integrada del ecosistema sanitario definirán qué empresas lideran y cuáles se quedan atrás en la carrera por acercar innovación farmacéutica a quienes más la necesitan.
Fuente: Pharmexec.














