La transformación responde a una visión ampliada del rol profesional: el farmacéutico comunitario no sólo entrega tratamientos, sino que participa en la promoción de la salud, el seguimiento terapéutico, la educación del paciente y la gestión de servicios asistenciales, integrando tecnologías que potencian la calidad de la atención. Esta evolución incluye la digitalización de procesos, la incorporación de nuevas herramientas para mejorar la eficiencia operativa y el uso de soluciones tecnológicas que posibilitan una atención más personalizada y conectada con las necesidades reales de los pacientes.

Esta consolidación viene acompañada por cambios culturales tanto dentro de la profesión como en la percepción social. Los farmacéuticos comunitarios son cada vez más reconocidos por su valor sanitario, preventivo y de apoyo continuo, no sólo por su accesibilidad física, sino también por la experiencia y conocimiento que aportan en tratamientos crónicos y manejo de patologías frecuentes. La incorporación de estos servicios contribuye a descongestionar otras áreas de la Atención Primaria, destacando el papel de la farmacia como un punto sanitario de primera línea.

Asimismo, la transformación de la farmacia comunitaria se vincula con la agenda digital: plataformas de gestión, sistemas de receta electrónica, herramientas de comunicación con pacientes y, en algunos casos, aplicaciones móviles que facilitan el acceso a información de salud o al historial farmacoterapéutico. Estos avances están redefiniendo la interacción con el paciente y contribuyen a posicionar a la farmacia como un espacio 2.0 de salud y servicio, donde lo digital complementa la atención presencial.

En Argentina, esta tendencia se refleja en iniciativas que buscan implementar servicios farmacéuticos en Atención Primaria de la Salud (SFAPS) y transformar el rol del farmacéutico comunitario hacia uno más clínico y centrado en resultados sanitarios. Organizaciones profesionales están promoviendo programas de capacitación, guías operativas y marcos protocolizados para asegurar que estos servicios se efectivicen con estándares de calidad, equidad y accesibilidad en todo el país.

La consolidación del modelo asistencial, social y digital no elimina la dispensación de medicamentos como una función esencial, pero sí eleva el valor agregado de la farmacia como espacio de cuidado integral. Este cambio implica una mirada estratégica y colaborativa entre sectores —profesional, académico, tecnológico y regulatorio— para integrar plenamente al farmacéutico comunitario como un integrante activo y reconocido del equipo de salud, con impacto directo en la calidad de vida de los pacientes y en el desempeño del sistema sanitario en su conjunto.

Fuente: IM Farmacias.

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