En un evento celebrado en la Fundación Telefónica en Madrid, especialistas de la industria farmacéutica tuvieron la oportunidad de acercarse a la inteligencia artificial desde una perspectiva humana y práctica. En lugar de verla como una “máquina lejana”, la IA se presentó con nombre y rostro —“Shin”, que en japonés significa “progresar”— con el objetivo de generar una conversación directa sobre cómo esta tecnología puede impactar realmente en nuestras vidas profesionales y personales.
La experiencia con Shin fue diseñada para inspirar, no intimidar, y para mostrar que la IA no debe ser percibida como una amenaza a la profesión, sino como una compañera de viaje que puede ampliar nuestras capacidades si comprendemos el sentido de su integración. Esta visión cobra especial relevancia para los equipos de recursos humanos y líderes de la industria, quienes constantemente enfrentan preguntas sobre el futuro del trabajo y la relación entre humanos y máquinas.
Una de las reflexiones centrales del evento es que la percepción de la IA —ya sea como amenaza o aliada— no depende únicamente de factores como la edad o sector profesional, sino del sentido que cada persona atribuye a su trabajo. Aquellos que entienden que su valor profesional está basado en habilidades humanas como criterio, empatía, intuición y toma de decisiones complejas, tienden a ver la IA como una herramienta que potencia su impacto. En cambio, quienes sienten que su trabajo se limita a tareas repetitivas pueden experimentar inquietud o resistencia.
Este enfoque pone de manifiesto que la conversación sobre IA no puede limitarse a aspectos técnicos o funcionales. Es igualmente importante abordar las emociones y narrativas internas que los profesionales construyen alrededor del uso de esta tecnología. Los miedos, prejuicios y expectativas juegan un papel fundamental en cómo se adopta la innovación dentro de las organizaciones, y reconocerlos es clave para liderar procesos de cambio efectivos.
La elección de “humanizar” la IA con un nombre y una presencia cercana es una metáfora poderosa: pone de relieve la importancia de hacer la tecnología accesible, comprensible y alineada con un propósito. Así, la adopción de la IA no solo se transforma en una elección estratégica, sino en una invitación a repensar el progreso desde una perspectiva que integre tecnología, propósito y humanidad.
Este enfoque puede ser especialmente valioso para el sector farmacéutico, donde la innovación tecnológica coexiste con la responsabilidad de impactar positivamente la salud y el bienestar de los pacientes. Cuando los equipos comprenden el “para qué” detrás de la herramienta, no solo optimizan sus procesos, sino que también fortalecen el valor humano de su rol profesional.
En definitiva, la IA no es solo una cuestión de eficiencia operativa; es una invitación a progresar con sentido, entendiendo que las tecnologías más poderosas son aquellas que nos ayudan a descubrir y potenciar lo mejor de nosotros mismos como profesionales y como sociedad.
Fuente: PM Farma.














