La ética farmacéutica

      Introducción

Al tratarse de medicamentos que impactan en la salud de la población, los laboratorios están sujetos a una variedad de leyes y reglamentos con respecto a las patentes, las pruebas y la comercialización de los mismos. El rigor de la regulación estatal (en materia de precios, condiciones GMP de producción, etc.) varía según el país que se trate. Al contrario de lo que muchos pudieran suponer, en la Argentina el control que ejerce el Ministerio de Salud sobre los laboratorios suele ser exhaustivo.

La industria farmacéutica es actualmente uno de los sectores empresariales más influyentes del mundo (influencia que se acentuó con la pandemia del Covid 19), lo cual genera una dicotomía sustancial: elogios por sus contribuciones a la salud y controversias por sus campañas para influir en los gobiernos y en la población. Sus detractores declaman el “incentivo de enfermedades” de la industria, al promover fármacos para los problemas derivados del modo de vida actual (por ejemplo ansiolíticos o antidepresivos). Asimismo, llaman la atención sobre condiciones o enfermedades frecuentemente inofensivas, sobre las cuales los laboratorios “exageran su importancia” con el mero objeto de incrementar la venta de medicamentos (el caso de analgésicos o antibióticos).

Todo es materia opinable. Como en todos los órdenes de la vida, hay buenos y malos. Existen empresas que han demostrado una dudosa conducta moral y otras que han tenido una trayectoria intachable. Pero catalogar a todo el sector farmacéutico de la misma manera es, por lo menos, injusto.

       Críticas a la industria farmacéutica

Una de las mayores críticas está relacionada con los precios. Es cierto, algunos son muy elevados, pero pocos conocen la estructura de costos de un laboratorio. Ya hemos hablado del “mito del precio” en la industria local en artículos anteriores.

Por otro lado, las grandes organizaciones mundiales invierten millones de dólares en investigación y desarrollo en proyectos que nunca llegan a cristalizarse. Asimismo, cuentan con una nómina salarial elevada por tratarse de personal altamente calificado.

Dicho esto, también es cierto que muchos laboratorios lanzan fármacos que no son innovadores. Varios de ellos sólo vienen a sustituir el espacio económico que dejan otros con patentes próximas a expirar. Acaso, ¿es realmente el esomeprazol superior al omeprazol o la desvenlafaxina a la venlafaxina? Sin ser un experto médico, la respuesta es claramente NO. Se trata pura y exclusivamente de estrategias comerciales (relacionadas con las patentes). Es decir que un gran porcentaje de las nuevas moléculas no representan una mejora terapéutica respecto a otras presentes en el mercado, con eficacia y seguridad conocidas y gran experiencia de uso. Pero lo que es peor aún, estos nuevos principios activos se traducen en un incremento del gasto sanitario para la economía de muchos países.

Los organismos gubernamentales que supuestamente deben ejercer la función de control de este sector económico en beneficio de los ciudadanos, están financiados en porcentajes muy altos por la propia industria (la FDA En Estados Unidos por citar un ejemplo). Pero esto no sucede en todas las latitudes. De hecho, en nuestro país el funcionamiento de la ANMAT nada tiene que ver con los laboratorios.

Existen infinidad de ejemplos sobre fármacos que traen aparejados efectos secundarios que no se conocen por años, incluso décadas. Ahora bien, ¿los organismos gubernamentales los pasan por alto a propósito o simplemente a veces lleva años su descubrimiento? Aquellos que se inclinan por la primera posibilidad son los que ponen en tela de juicio la investigación independiente. No obstante, es imposible negar la segunda opción. Determinar los efectos secundarios de determinados fármacos es una tarea engorrosa, costosa y que insume mucho tiempo.

       Talidomida: historia de un medicamento maldito

En la década de ‘50 la industria farmacéutica consiguió la mayoría de edad. Los laboratorios farmacéuticos alemanes, belgas, británicos, franceses, suecos y suizos elaboraron fármacos nuevos y eficaces. El mercado se vio inundado de nuevos antibióticos (penicilinas modificadas químicamente para destruir a las bacterias que se habían hecho resistentes a los productos más antiguos), antihistamínicos para tratar alergias como la urticaria o la fiebre del heno, nuevos analgésicos, somníferos y anestésicos, a medida que las compañías farmacéuticas invertían cada vez más en investigación y desarrollo.

Los titulares de los periódicos europeos empezaron a expresar críticas por la falta de control del sector a raíz del desastre de la talidomida. Este fármaco fue comercializado a partir de 1957 por la empresa alemana Chemie Grünenthal. La talidomida era un tratamiento eficaz para la depresión de los primeros meses del embarazo, un trastorno que a veces llevaba al suicidio a algunas mujeres. Pero, pocos años después, se observó que el número de bebés nacidos con miembros desarrollados de forma incompleta era estadísticamente mayor entre los hijos de madres tratadas con este fármaco. Experimentos posteriores con animales demostraron que este principio activo dañaba el crecimiento de los miembros en el embrión e interrumpía el desarrollo normal de éstos. La difusión de este descubrimiento hizo que la talidomida se retirara en todos los países. La compañía alemana fue acusada de ocultar pruebas y desapareció de forma deshonrosa.

El caso de la talidomida, al día de hoy considerado como la peor tragedia y el mayor escándalo de la historia de la industria farmacéutica, obligó a un replanteo y revisión profunda sobre la seguridad requerida en el desarrollo de drogas. A partir de 1970, se establecieron en muchos países organismos gubernamentales para controlar la calidad, los ensayos clínicos y hasta el empaquetado, etiquetado y distribución de los medicamentos. Los inspectores tienen derecho a visitar en cualquier momento las instalaciones donde se fabrican y almacenan productos farmacéuticos. Incluso, las farmacias locales, el último eslabón en la cadena del suministro de fármacos a los ciudadanos, son inspeccionadas por agentes responsables de los diferentes ministerios o departamentos de sanidad.

      La relación entre los laboratorios y el médico

Las críticas se acrecientan cuando se analiza la estrecha relación entre el galeno y las empresas. Los representantes de ventas establecen un vínculo con los médicos sostenido a lo largo del tiempo e intentan conseguir su receta a través de la promoción, que incluye literaturas, muestras, gimmicks, etc. También existen congresos realizados por la comunidad médica y patrocinados por los propios laboratorios. Algunos cuestionan estas modalidades. ¿Es ético que un médico recete determinada marca por la influencia del visitador? ¿O debería recetar el nombre comercial que realmente crea que es el mejor?. Por otro lado, ¿cómo puede conocer un profesional de la salud la existencia de determinada marca si no es a través de esta metodología?. Como en todos los aspectos de la vida, hay profesionales buenos y malos, honestos y deshonestos, así como empresas con altos estándares éticos y otras sin ningún tipo de conducta moral.

Lo que es importante entender es que el marketing farmacéutico de un laboratorio desarrolla estrategias para vender sus marcas, así como Arcor intenta vender sus golosinas o Quilmes sus cervezas. Lograr posicionar una marca farmacéutica en la menta del galeno es totalmente natural y no tiene nada de malo. El tema no es el fin, sino los medios. Hay determinadas empresas que a veces “fuerzan” la receta a través de acciones desleales.

       Mirada personal

La realidad es que la industria farmacéutica no deja de ser un negocio que necesita rentabilidad para sobrevivir como cualquier otro. Es entendible que al tratarse de un tema tan sensible e importante como la salud, sus prácticas sean analizadas con lupa y reciban serios cuestionamientos. Los principales objetivos de la industria farmacéutica debieran ser entregar medicamentos seguros y eficaces para los pacientes, así como mantener cierta rentabilidad para sus accionistas. Por otro lado, el visitador médico es un trabajador más que necesita vender sus productos, como cualquier otro.

Por último, es cierto que se han producido verdaderos desastres con algunos fármacos. El caso de la talidomida sea quizás el más revelador, pero hay varios mas. Pero estos casos negativos (algunos de enorme gravedad) deben analizarse dentro de un contexto de hallazgos y hazañas que respaldan la rica historia de la medicina, la ciencia y en definitiva de la industria farmacéutica. En la actualidad, gracias a los avances médicos y tecnológicos, así como también a controles más estrictos por parte de los entes reguladores, se han minimizado notablemente los graves errores del pasado.

Gregorio Zidar (hijo)

 

 

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