Inglaterra, el gigante que completa el tridente europeo

Inglaterra (o el Reino Unido) ha sido uno de los países más determinantes en la política y economía mundial moderna. Quizás su legado más importante sea el cultural, ya que sus ideales fueron impregnados en todo el mundo,  especialmente en Estados Unidos, la potencia mundial indiscutida. La historia contemporánea nace en Inglaterra, con la revolución industrial, los conflictos bélicos y la concepción de la política.

La industria bancaria, la química, los seguros o incluso el whisky, son un sello distintivo de Gran Bretaña. Dentro de este grupo, la industria farmacéutica se destaca. Constituye un protagonista central de la ciencia moderna, y si bien está lejos de Estados Unidos, pelea palmo a palmo por ser la reina de Europa. El cetro se lo disputan Alemania y Suiza.

AstraZeneca, la casa del Premio Nobel de Medicina

      Astra, el origen sueco

Astra fue creada en 1913 en Estocolmo, Suecia, como una pequeña compañía farmacéutica que deseaba crear sus propios desarrollos farmacéuticos y sustituir las importaciones desde Alemania y Suiza, los países que dominaban el mercado en esos tiempos.

La sustitución de importaciones es, por lo general, un ideal en cualquier país del mundo, incluso en Argentina. Pero no es tan fácil traducir ese deseo en una realidad. Suecia, más precisamente Astra, lo lograría a principios del siglo XX. Se comenzó humildemente con la producción de unas 40 preparaciones farmacéuticas. El farmacéutico Knut Sjöberg se convirtió en el primer director ejecutivo de la empresa.

En 1918, el productor de tintes AB Svensk färgämnesindustri compró el laboratorio, que pasó a denominarse Astra AB. El plan era crear un gran grupo químico nacional que rivalizara con los de Europa continental. Sin embargo, no tuvieron éxito y la empresa tuvo grandes problemas financieros y fue liquidada en 1920. Astra fue rescatada por el gobierno sueco, con la intención de formar un monopolio nacional para la producción farmacéutica. Estos planes encontraron resistencia y fue así como Erik Kistner formó un consorcio que compró al gobierno Astra AB por un precio simbólico de una corona. Dentro del consorcio estaba al banquero Jacob Wallenberg, que a la postre sería un actor fundamental en la vida de la compañía.

Entre 1930 y 1960, bajo la conducción de Börje Gabrielsson , la empresa mostró un crecimiento continuo. En aquellos tiempos, la organización comenzó a realizar su propia investigación y desarrollo, una característica distintiva de los grandes laboratorios. Adicionalmente, se produjeron dos adquisiciones (Tika en 1939 y Hässle en 1942), que terminaron por coronar a Astra como la principal compañía farmacéutica sueca.

En esa época gloriosa, se establecieron dos familias de productos que iban a ser muy importantes para el futuro de la empresa: penicilina y anestésicos (inicialmente en forma de lidocaína). Nacía un gigante europeo.

      ISRS e IBP, siglas con suertes dispares

En 1983, Astra retiró el producto Zelmid (zimelidina), que se había introducido el año anterior, debido a preocupaciones sobre los efectos secundarios. Zelmid fue un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS) y, aunque Astra fue un pionero en esta área, no siguió con otro fármaco que utilizara el mismo mecanismo. En cambio, fue Eli Lilly la que más tarde introdujo el ISRS más vendido de la historia, el antidepresivo Prozac. El éxito de la compañía norteamericana desnudó el error Astra: abandonó demasiado rápido la carrera de los antidepresivos. Probablemente habrían podido tener éxito en este lucrativo mercado si hubieran continuado con el desarrollo de sus fármacos ISRS.

A pesar de perder en este segmento psiquiátrico, Astra  lograría pocos años después su verdadero salto al estrellato. En 1988 se produjo el lanzamiento de una droga revolucionaria, el omeprazol, uno de los primeros inhibidores de la bomba de protones (IBP). La marca elegida fue Losec y fue un gran avance para combatir las enfermedades gastroesofágicas (y también fue la contracara de Zelmid). Treinta años después, el omeprazol sigue vigente y se ha constituido en uno de los medicamentos más vendidos de la historia.

       La talidomida también fue parte de la historia de Astra

La historia de las grandes organizaciones tiene éxitos y fracasos, luces y sombras. Neurosedyn, cuya droga era la talidomida, fue un producto que Astra nunca hubiera querido comercializar. El medicamento no había sido desarrollado por la compañía sueca sino por Grünenthal (empresa de origen germano), pero Astra lo distribuyó en su territorio.

A finales de 1961, este fármaco se relacionó con una serie de defectos de nacimiento en Alemania y se retiró de ese mercado. Tres semanas después, Neurosedyn se retiró en el país nórdico, después de haber estado en el mercado algo menos de tres años. Resultó que alrededor de un centenar de niños suecos habían sufrido deformaciones por el hecho de que su madre tomara el producto durante sus embarazos. En 1969, Astra llegó a un acuerdo con las víctimas. Este giro de los acontecimientos condujo a una estricta revisión sobre la seguridad de los medicamentos (¡es por eso que es tan importante no apurar el desarrollo de las vacunas contra el coronavirus!).

       Zeneca, el socio inglés

Zeneca Group PLC fue  una empresa  británica con sede en Londres. Los comienzos se remontan a una organización llamada “Industria Química Imperial”, creada en 1927 tras sucesivas fusiones (dentro de las que estaba la compañía de Alfred Nobel). En sus orígenes, el negocio principal pasaba por los colorantes. ¿Pero cómo se pasó de los colorantes a los fármacos?

Durante la Primera Guerra Mundial, se produjo un hallazgo trascendental: los colorantes eran capaces de actuar contra las bacterias. Las heridas podían ser desinfectadas por aquellos, de hecho el “prontosil rojo” se convertiría en el antecesor de las sulfonamidas. La compañía rápidamente comprendió que los colorantes y la medicina  poseían una gran afinidad. Fue así que en 1936 la empresa creó una unidad de negocios farmacéutica que décadas después, más precisamente en 1993, se llamaría Zeneca.

Zeneca  fue una denominación creada por la consultora Interbrand, que había recibido precisas instrucciones de encontrar un nombre que comenzara con una letra de la parte superior o inferior del alfabeto y fuera fonético memorable, de no más de tres sílabas y que no tuviera un significado ofensivo en ningún idioma. En definitiva, las características primordiales que hacen al corazón de una marca.

El segmento terapéutico más importante de la organización fue, sin duda alguna, oncología. En esta área se han comercializado productos que incluyeron nombres emblemáticos como Casodex , Nolvadex y Zoladex (marcas que siguieron una línea en sus letras y en su fonética).  En pos de profundizar su expertise en el área, Zeneca acordó en 1994 la adquisición del 50% de Salick Health Care, operador de centros de atención oncológica en Estados Unidos (el 50% restante lo compraría 3 años después).

       Nace un actor central en la historia farmacéutica contemporánea

En respuesta a los crecientes costos de desarrollo de nuevos medicamentos y a la percepción de que la industria farmacéutica necesitaba más fusiones internacionales, Astra comenzó a buscar socios. A fines de 1998, se anunciaron los planes de fusión con Zeneca, lo que crearía, en ese entonces, el tercer laboratorio más grande del mundo.

Finalmente, en 1999, nació AstraZeneca, una de las fusiones más rutilantes del último siglo, no solo desde el aspecto económico, sino también en términos médicos y científicos.

La unión, que implicó más de 50.000 millones de dólares, fue un éxito inmediato y posicionó a la empresa como líder mundial en productos para trastornos gastroenterlógicos, especialmente por sus marcas Losec (omeprazol) y Nexium (esomeprazol). La nueva compañía también construyó una sólida presencia en neurociencias (Seroquel) y en la línea cardiometabólica (Prenormine y Crestor), al tiempo que reforzó sus medicamentos oncológicos (Arimidex, Faslodex y Zoladex).

       La cuna del Nobel

Astra y Zeneca han sido un caso singular en la historia de las compañías farmacéuticas ya que a lo largo de su historia, antes y después de fusionarse, contaron con la colaboración de más de una decena de investigadores y médicos que recibieron el Premio Nobel de Medicina (entre ellos Alfred Nobel). Vale la pena señalar 3 casos célebres que justificaron la máxima premiación en ciencias médicas.

En primer lugar, las investigaciones de James Black condujeron al descubrimiento del primer betabloqueante, el pronethalol. Esa fue la llave que abrió diversas vías terapéuticas, llave que le valió el Premio Nobel. Fue así como sucesivas investigaciones condujeron al propranolol (Sumial) y, posteriormente, al descubrimiento del atenolol (Prenormine), uno de los betabloqueantes más prescriptos en todo el mundo.

El segundo caso es el de Ernst Chain, quien colaboró con Howard Florey, un patólogo que se había interesado por los trabajos de Alexander Fleming sobre las propiedades de la lisozima. Partiendo de los estudios de este último sobre el hongo penicilium notatum, Chain y Florey consiguieron aislar un potente antibiótico al que bautizaron como penicilina, cuya aplicación salvó miles de vidas. A la postre, Florey Chain y Fleming, recibieron conjuntamente el tan ansiado galardón por tamaño descubrimiento. La historia de AstraZeneca está íntimamente ligada a la creación de diversos antibióticos.

Finalmente, cabe destacar a Ulf von Euler, hijo de uno de los fundadores de Astra, Hans von Eurler. Trabajó junto a otro galardonado, Hugo Theorell, en los laboratorios de investigación en Suecia. Fue el primer médico que probó el anestésico local lidocaína (Xylocaina), desarrollado luego por la compañía. Asimismo, descubrió la noradrenalina y las prostaglandinas. Sugirió la existencia de una sustancia que ejercía una acción unas veces contráctil y otras relajantes, sobre la musculatura uterina. Todos estos hallazgos le valieron el Premio Nobel de Medicina.

 


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