Vivimos un momento clave para la industria farmacéutica: el marketing ya no puede quedarse en lo funcional, en destacar la eficacia de un producto. Hoy, los pacientes, los médicos y los consumidores exigen algo más profundo: empatía, autenticidad y un propósito claro detrás de las marcas. Tal como describe Alejandro Zayas en su columna para Saludiario, no basta con lanzar campañas atractivas; es necesario preguntarse en cada acción: “¿Cómo estoy ayudando a mejorar la vida y el bienestar de las personas?”
Esta nueva mirada no es solo retórica: estudios como el de Toast muestran que las empresas que invierten en relaciones a largo plazo, más allá de tácticas de venta puntuales, tienen un crecimiento más sostenible. En salud, esto significa que cada interacción digital, cada contenido y anuncio debe estar alineado con un valor real y con una misión que trascienda el producto.
Un elemento esencial para esa conexión genuina es dar voz a quienes forman parte del ecosistema: médicos, pacientes, investigadores y cuidadores. Explicar no solo cómo funciona un tratamiento, sino cómo se desarrolló, cómo se prueba y qué personas están detrás de él es una forma poderosa de generar credibilidad.
Al mismo tiempo, la coherencia narrativa es clave. No alcanza con tener una buena página web o un anuncio llamativo: el mensaje educativo, visual y emocional debe mantenerse en todos los puntos de contacto. Desde las redes sociales y los congresos hasta el sitio institucional o las interacciones con profesionales de la salud, todo debe remitir al propósito fundamental de la marca.
El uso de datos sigue siendo muy importante para segmentar y optimizar campañas. Sin embargo, la ética y la privacidad deben guiarnos siempre: los indicadores pueden medir clics o conversiones, pero la confianza —ese activo humano insustituible— se construye con constancia, transparencia y autenticidad.
Zayas propone varias claves para este paradigma renovado: invertir en educación más que en promoción, fomentar la fidelidad a través del conocimiento del paciente, escuchar antes de comunicar, y medir con sensibilidad. Esta estrategia no solo contribuye a la reputación de la marca, sino que realmente puede transformar vidas.
En definitiva, quienes pongan a las personas en el centro de su estrategia —y lo hagan de forma genuina y sostenida— serán las que no solo vendan tratamientos, sino que construyan comunidades de confianza. La comunicación en salud del futuro será híbrida, digital y humana, pero siempre sustentada por un pilar fundamental: la confianza como motor del crecimiento sostenible.
Fuente: Saludiario.
