Un trabajo realizado por investigadores de Estados Unidos y Austria, recientemente destacado por los medios, pone en foco una práctica creciente y polémica: la utilización de “influencers” en redes sociales como canal para difundir contenidos vinculados a la salud —desde consejos terapéuticos hasta promocionar medicamentos o productos sanitarios— a cambio de pagos, productos gratuitos o comisiones.
Según los autores del estudio, existe una preocupación importante por la fiabilidad de esos mensajes: muchos influencers carecen de formación médica, y sus recomendaciones rara vez incluyen advertencias sobre riesgos, interacciones o indicaciones terapéuticas adecuadas. Esto potencia la posibilidad de autodiagnósticos erróneos, automedicación, tratamientos inadecuados o innecesarios, con posibles daños individuales y sociales.
El impacto no es trivial: el alcance de algunos influencers —desde miles hasta cientos de millones de seguidores— los transforma en comunicadores altamente persuasivos, especialmente entre públicos jóvenes o vulnerables. Esta estrategia comercial resulta atractiva para laboratorios o empresas farmacéuticas porque les permite saltar los canales tradicionales de prescripción, publicidad y distribución, y llegar directamente al consumidor final, muchas veces sin supervisión médica.
Para los investigadores, más allá del atractivo comercial, esta tendencia pone en jaque la seguridad del paciente. Señalan que la ausencia de regulación efectiva —o su aplicación débil— facilita que estos contenidos se difundan sin control. Incluso en contextos donde existe normativa sobre publicidad de medicamentos, las plataformas digitales y la figura del influencer representan un “vacío regulatorio” peligroso.
Desde una perspectiva de marketing farmacéutico, este fenómeno plantea dilemas éticos y profesionales: ¿cómo compatibilizar la necesidad de visibilidad online con la responsabilidad sanitaria? ¿Qué rol deben asumir los reguladores, los profesionales de la salud y la industria para evitar riesgos? La globalización del marketing digital exige nuevos estándares de transparencia, control de conflictos de interés y alfabetización sanitaria del público.
En definitiva, la proliferación de influencers en la promoción farmacéutica —bajo la excusa de “divulgación” o “concientización”— representa no solo un giro estratégico en la comunicación del sector, sino un desafío urgente para la salud pública.
Fuente: Clarín.














