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Boehringer Ingelheim, el otro gigante alemán

Introducción

Reducir la industria farmacéutica teutona a Bayer y su Aspirina es, por lo menos, desatinado. Casi un agravio. Su historia es mucho más profunda y rica, y un actor trascendental en el último siglo ha sido Boehringer Ingelheim.

Pocos nombres son tan difíciles de escribir y pronunciar en nuestra lengua como el de esta compañía. La empresa fue fundada en 1885 y  lleva ese nombre a causa de un apellido, el de su fundador Albert Boehringer, y un lugar, Ingelheim am Rhein, la ciudad donde comenzó a operar. Este laboratorio es uno de los 20 más importantes a nivel mundial.

Los comienzos

La historia se inició en 1885, cuando Albert Boehringer adquirió una pequeña fábrica de ácido tartárico en Ingelheim am Rhein. Una década después comenzó la fabricación industrial de ácido láctico.

En 1917 se creó el departamento de investigación. El mismo era dirigido por el químico Heinrich Wieland, uno de los primos de Albert Boehringer. Tiempo después, Wieland sería galardonado con el premio nobel de química. En 1955, la empresa desarrolló la división de salud animal y así comenzaba un proceso de expansión fenomenal.

Una mención especial amerita el logo de la empresa, tan interesante como atípico en la industria farmacéutica. El mismo representa una versión estilizada de la sección central del Palacio Imperial de Carlo Magno.

Presente y futuro

Boehringer Ingelheim opera globalmente en más de 150 países y cuenta con una plantilla de casi 50.000 empleados. Su portfolio está compuesto por productos muy reconocidos como Pradaxa (dabigatran), Jardiance (empagliflozina) o Atrovent (ipratropio). También supo contar con marcas mundialmente famosas (Buscapina, Dulcolax y Bisolvon, entre otras), aunque las mismas fueron vendidas a Sanofi Aventis, quien a su vez le concedió su unidad de salud animal.

En la década del 80, la empresa comenzó a vislumbrar el futuro del sector farmacéutico: la biotecnología. En ese período, se fundó en Austria el Instituto de Patología Molecular (IMP), gracias a una iniciativa conjunta con Genentech (coloso norteamericano en este tipo de tecnologías). Adicionalmente, su centro de Biberach inició la producción de productos biofarmacéuticos a partir de cultivos celulares en Europa. Todo un hito para la época.

Está claro que Boehringer Ingelheim pelea por entrar entre los primeros 10 laboratorios del ranking mundial. Tiene con qué. Ha experimentado en los últimos años un crecimiento vertiginoso, por encima de la media de la industria mundial. Esta dinámica de expansión fue particularmente marcada en los Estados Unidos, el mercado más importante de todos. Y lo ha hecho sin fusiones ni adquisiciones rimbombantes.

La compañía tiene un número de drogas cuyo potencial aún no ha sido agotado. El medicamento Spiriva (tiotropio), broncodilatador lanzado en el 2002, se convirtió en un “blockbuster”, entrando al selecto club del billón de dólares (productos que facturan más de USD 1000 millones por año). Este dato reafirma que la línea respiratoria de la organización es una de las más importantes a nivel mundial.


Merck Serono, el tercero en discordia

Los que estamos en la industria sabemos que hay 2 Merck, el norteamericano (Merck Sharp & Dohme) y el alemán.

Merck Serono quizás no tenga la fama de Bayer y Boehringer Ingelheim, pero es un actor de peso en la industria farmacéutica alemana y mundial.

Larga historia

La organización Merck Serono, tal cual todos la conocemos, surge en realidad hace pocos años. En 2006 se produjo la adquisición de Serono (origen italiano)  por parte de Merck. Pero la historia del comprador es casi ancestral ¡Los orígenes  de Merck se remontan al año de 1668! Han pasado más de 350 años desde que Friedrich Merck adquiriera la farmacia “Engel Apotheke”, que se traduce como “Farmacia del Ángel”.

Por otro lado, las raíces de Serono también vienen de larga data. Ha pasado más de un siglo desde que el profesor Cesare Serono fundara el “Instituto Farmacológico Serono” en 1906. Desde sus inicios, la empresa ha sido reconocida como una pionera en la investigación biofarmacéutica. Su primer hallazgo fue la bioplastina, para el tratamiento de la anemia. Pero la gran revolución vendría en 1949, cuando logró por primera vez la extracción de gonadotropina, una hormona que juega un rol crucial en la reproducción. El primer niño en ser concebido gracias al empleo de esta hormona nació en 1962.

Promisoria actualidad

Merck Serono cuenta con casi 20.000 empleados y opera en 150 países alrededor del mundo.

La organización se ha concentrado en campos terapéuticos con un elevado grado de especialización, como el cáncer, la esclerosis múltiple y el ya mencionado tratamiento de la  infertilidad.

Algunos de sus productos más importantes son Rebif (enfermedades neurodegenerativas), Erbitux (oncología), Luveris (infertilidad) y Saizen (endocrinología). En nuestro país, muchas de sus marcas más emblemáticas fueron adquiridas por Elea (Glucophage o Anemidox, entre otros).

Gregorio Zidar

 

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