El laboratorio más conocido

Si Roemmers es el laboratorio número cero, Bagó sería entonces el número 1. Mucha gente que no pertenece a la industria farmacéutica quizás esté más familiarizada con el apellido Bagó que con el de Roemmers. Su impactante presencia en el mercado OTC y su constante publicidad institucional en medios de comunicación masivos sin dudas han contribuido a ello.

Quizás hoy Bagó no esté entre los primeros laboratorios que más facturan en nuestro país, pero si sumamos a Montpellier, Nutricia y sus negocios de venta libre, productos especiales y salud animal, sigue siendo un referente tan importante como Roemmers.

Una larga historia y dos épocas doradas

Laboratorios Bagó, fundada en 1934 por Don Sebastián Bagó, fue la primer compañía farmacéutica en importar penicilina al país y, pocos años más tarde, comenzó a realizar las primeras exportaciones de sus especialidades medicinales a países de América y Europa. Así nacía su sello distintivo: ser una de las empresas de toda la economía nacional en tener mayor presencia global.

La organización estaba conformada originalmente por Laboratorios Bagó, el corazón de su negocio. Entre 1976 y 1978 la corporación dio un salto gigantesco. En esa primera época dorada, se adquirieron Química Montpellier y Victoria Seguros, así como también se consiguieron el desarrollo de  Disprofarma y la conformación de una alianza con el Instituto San Jorge.

El comienzo del siglo XX marcó la segunda época dorada, ya que surgieron 2 sociedades exitosas: Nutricia-Bagó, dedicada a la nutrición especializada, y Biogénesis Bagó, un referente de productos farmacéuticos aplicados a la sanidad animal.

Una gran organización integrada y diversificada

La integración vertical                                                                                                                                                                           

En primer lugar, es importante señalar que el nombre Bagó trasciende profundamente al laboratorio homónimo. Es un gran grupo de empresas, y al igual que Roemmers, un caso ejemplar de lo que significa la estrategia de integración vertical.

El grupo Bagó es uno de los propietarios de la distribuidora Disprofarma y tiene participación en la droguería Monroe Americana. Estas empresas le dan un peso decisivo para gestionar con eficiencia la logística y las condiciones comerciales de sus productos.

Disprofarma es la distribuidora más grande del país

La integración horizontal y las raíces holandesas                                                                                                                          

Bagó ha sostenido su crecimiento en los últimos 40 años por tres vías: performance de su marcas maduras y reconocidas (Ulcozol, Dioxaflex, etc.), compras y licencias de productos, y adquisiciones de empresas. Es en este último punto que Bagó ha aplicado la integración horizontal de un modo muy eficiente.

Nutricia-Bagó, Bioprofarma-Bagó y Synthon-Bagó son laboratorios autónomos que se enfocan en segmentos que la compañía madre no atiende. En el primer caso, la organización pudo abarcar el segmento infantil a través de sus fórmulas lácteas, mientras que con Bioprofarma y Synthon se logró comercializar productos “especiales” (aquellos de alto costo y de origen biotecnológico para enfermedades específicas como el cáncer o la esclerosis múltiple). Nótese dos datos curiosos: (1) Nutricia y Synthon son empresas holandesas y (2) en estas 3 compañías siempre está presente el nombre Bagó,  esto es porque es un apellido ilustre, que agrega credibilidad y prestigio.

Por otro lado, Montpellier es el otro laboratorio clásico de la organización. Si bien se complementan en muchos segmentos, Montpellier se destaca en endocrinología de la mano de DBI (metformina) y T4 (levotiroxina).

Por último, hace poco surgió una línea de productos denominada “Simple”, que surgió de una alianza con Arcor y que le permitió ingresar en el mercado de los suplementos dietarios.

Diversificación                                                                                                                                                                                         

El conglomerado Bagó cuenta con un vasto grupo de empresas, algunas más cercanas y otras más lejanas a la industria farmacéutica.

Ya hemos mencionado a Biogénesis Bagó (nuevamente el apellido presente como un símbolo de prestigio). El cuidado de la salud animal es fundamental para el desarrollo de los campos dedicados a la ganadería, un pilar clave para la economía de nuestro país. Bagó es un gran protagonista, a través de la elaboración de productos farmacéuticos y biológicos de uso veterinario.

Elocuente imagen del tamaño de Biogénesis Bagó

 

Una compañía del grupo que nada tiene que ver con la salud es Seguros Victoria, dedicada al rubro de seguros automotrices, personales, de empresas, de caución  y aquellos destinados al campo. No obstante, en todas las publicidades de esta empresa, e incluso en su página web, siempre se destaca el respaldo del grupo Bagó, algo fundamental para la confianza en aquél que busca un seguro. ¡Una vez más, el nombre aparece como garantía de calidad!

Dimensión de la organización                                                                                                                                                              

En la actualidad, Laboratorios Bagó comercializa más de 480 productos que cubren 46 líneas terapéuticas, habiendo logrado una posición privilegiada en gastroenterología, traumatología, reumatología, clínica médica y en el mercado de venta libre. Ulcozol, Dioxaflex y Bagovit son tan sólo tres de sus marcas insignias. Los estuches color magenta son ampliamente reconocidos por todos los consumidores.

El laboratorio eligió como eslogan “ética al servicio de la salud”, quizás el más reconocido por toda la comunidad farmacéutica y por todos aquellos ajenos a este maravilloso mundo.

Pero como ya señalamos, el nombre Bagó trasciende profundamente al laboratorio homónimo. Quizás sea un dato insignificante, pero es de las pocas empresas farmacéuticas nacionales que aparecen en Wikipedia. La organización congrega a más de 7.000 empleados, solo en nuestro país. Asimismo, tiene presencia en más de 50 países y una docena de plantas distribuidas a lo largo del planeta (¡una en Pakistán!).

Una verdadera multinacional, más allá del contexto del país

Una de las clases más apasionantes que doy en la facultad es sobre la globalización. Cuando uno tiene que enumerar las compañías argentinas auténticamente mundiales, sobran los dedos de una mano. Quizás, siendo generoso, pueda alcanzar una mano y algunos dedos de la otra. Y que quede claro: esto no es un crítica al empresariado local, sino más bien a las ineficientes políticas de los gobiernos nacionales de los últimos 80 o 90 años.

Pero no estamos aquí para discutir políticas públicas. El objetivo es hablar de laboratorios locales que realmente lograron trascender todas las fronteras. Y Bagó es uno de esos pocos casos.

Para que quede claro: Bagó es  una de las 5 empresas de toda la economía nacional en tener mayor presencia global. Disputa el cetro con colosos como su socio Arcor, su par Roemmers o Techint. Es una organización verdaderamente mundial. No me refiero a las exportaciones. Una compañía global es aquella que opera directamente en otros países: tiene fábricas, centros de investigación y desarrollo, fuerza de ventas locales, etc. Bagó ha logrado construir 3 farmacéuticas (2 especializadas en biotecnología y productos oncológicos, y 1 especializada en vacunas de gripe y pandemias), 2 farmoquímicas, 4 veterinarias y un Centro propio de Investigación y Desarrollo, distribuidas estratégicamente en el mundo (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, México, Pakistán y Uruguay). Pero lo que es más importante aún, cualquier argentino se puede encontrar con una caja de color magenta en cualquier parte del planeta, desde Brasil hasta México, desde Angola hasta Pakistán o desde Vietnam hasta Rusia.

Ser una compañía de alcance global es un trabajo de años. Bagó arrancó en 1960, afianzándose primero en Latinoamérica, a través de sus 18 filiales. Su alcance lo llevó a liderar varios mercados vecinos, como Bolivia o Paraguay. De ahí en más, su expansión fue continua y comenzó a imponer su nombre en lugares inimaginables para cualquier empresa argentina.

Por último, Bagó es un imán atractivo para laboratorios extranjeros que quieran licenciar sus productos en la Argentina y en la región. La organización ha conseguido importantes licencias de prestigiosas compañías. Entre múltiples ejemplos (más de 20 en la actualidad), podemos destacar la vildagiplitna de Novartis (Galvus) que comercializan Bagó (Glucemix) y Montpellier (Zomarist). Otro caso emblemático es la insulina glargina de Sanofi (Lantus), que Montpellier promociona a través del nombre Optisulin.

 

 

Este es el mapa de Bagó (filial Brasil). Un claro ejemplo de globalización

Gregorio Zidar


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