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Montpellier, un laboratorio basado en blockbusters

El peso de los productos “estelares”                                                                                                                                               

Debe haber pocos laboratorios que dependan tanto de unos pocos productos como Montpellier. Cuando una  empresa comercializa 2 o 3  blockbusters, inexorablemente su “suerte” está atada a los mismos. Ya hemos hablado del caso Roemmers y sus productos estelares: Amoxidal, Lotrial y Losacor, entre otros. Cuando veamos Gador, mencionaremos Foxetin y Aplax. En el caso de Montpellier, sus “tanques de guerra” son DBI (metformina) y T4 (levotiroxina).

Depender de blockbusters tiene una gran ventaja: se consigue economía de escala en el aspecto fabril y economía de escala en la promoción médica. En otras palabras, todo el esfuerzo de la compañía se aboca a unas pocas marcas. Pero también tiene una gran desventaja: ¿Qué pasa si el producto “estrella” tiene un problema? Ya hemos hablado del caso Dolo Asotrex de Raffo y en diciembre del 2020 ANMAT decidió retirar la molécula ranitidina, lo que generó la desaparición de Taural (marca emblemática de Roemmers). Algo similar, aunque por temas de propiedad intelectual, sucede con los blockbusters de las grandes organizaciones multinacionales. Cuando expira una patente y salen al mercado decenas de genéricos, el creador de la molécula deja de facturar una enorme cantidad de dinero (un típico ejemplo es el Lipitor de Pfizer).

Eficiencia y podio                                                                                                                                                                                  

Química Montpellier, tal su denominación original, fue fundada en 1957. Pero su verdadero despegue vendría en 1976, cuando pasó a formar parte de la organización Bagó.

Siempre ha sido una empresa destacada por su eficiencia, al igual que Gador. De hecho, ambos laboratorios tienen varias similitudes: son líderes en venta de unidades (con un precio promedio bajo), cuentan con 2 auténticos blockbusters, dominan con holgura una especialidad médica, poseen sólidas estructuras fabriles y están dirigidos por una gerencia que tiene muy claros sus objetivos estratégicos. Todo esto redunda en una enorme eficiencia que reluce.

Todas estas características le han permitido a la compañía estar en el podio de las 3 que más unidades venden (aunque aún lejos de Roemmers). DBI y T4 son los 2 pilares de Montpellier. El caso de la metformina es muy elocuente (salvando las distancias, similar al caso de Roemmers con los antibióticos): es el único producto que se elabora en una moderna “mono-planta” en Villa Soldati (economía fabril). Asimismo, los 2 “tanques de guerra” son principalmente prescriptos por los endocrinólogos (economía en la promoción médica).

Las “mini marcas estelares”                                                                                                                                                                

Es evidente que para estar en el podio de los laboratorios en Argentina hace falta bastante más que 2 blockbusters. Montpellier tiene varias marcas que, si bien están lejos de DBI y T4, son verdaderas estrellas (acuñamos el término “mini” con el solo fin de compararlas con las 2 grandes, ¡pero de pequeñas no tienen nada!).

En el artículo anterior mencionamos 2 productos de enorme relevancia: Optisulin y Zomarist, que refuerzan la línea endocrinológica. En el mismo sentido, aunque con un enfoque prescriptivo más amplio, podemos citar a Rosustatin (rosuvastatina) y Osteodyn (vitamina D3).

En otros segmentos terapéuticos, como los productos invernales, la empresa también se destaca con Refrianex (uno de los antigripales más conocidos), Alerpriv (antihistamínico cuyo principio activo es loratadina) y su antibiótico Clarimax (claritromicina).

Por último, Montpellier es el referente indiscutido en el tratamiento de cefaleas gracias  a la familia Migral (el antimigrañoso que es casi un genérico, casi un OTC).


La “mono-planta” en Villa Soldati

 

Nutricia-Bagó, una alianza superlativa

La importancia del apellido ilustre                                                                                                                                                    

El apellido Bagó es sinónimo de prestigio, confiabilidad y credibilidad. Tres características que muy pocos laboratorios, o empresas en general, reúnen en la Argentina. No en vano el nombre aparece en sus divisiones biotecnológicas, Bioprofarma-Bagó y Synthon-Bagó, y en su unidad de negocios de salud animal (Biogénesis Bagó). Nutricia entendió este concepto a la perfección. ¿O acaso su éxito en nuestro país hubiera sido el mismo sin el respaldo de Bagó? Es historia contra fáctica, pero me atrevería a decir que NO.

Por otro lado, Nutricia es en la actualidad una unidad de negocios de un gigante como Danone. Otro respaldo gigantesco. ¿Qué podría salir mal?

La historia de las fórmulas de leches infantiles                                                                                                                            

En el siglo XIX, las madres que no podían amamantar usaban nodrizas (mujeres contratadas para alimentar a bebés que no fueran sus hijos) o leche de vaca para la nutrición. Esta segunda opción tenía una gran contraindicación: podía ser una potencial fuente de enfermedad que contribuyera a una alta mortalidad infantil en Europa.

En 1885, el profesor alemán Alexander Backhaus fue pionero en una técnica que eliminaba la proteína caseína de digestión más lenta de la leche de vaca, dejando solo las proteínas del suero de leche de disolución más rápida.  Con su invento, Backhaus mejoró la tolerabilidad y logró desarrollar una fórmula infantil que se acercaba a la composición de la leche materna. Esto significó que muchos bebés recién nacidos ahora podrían beneficiarse de una nutrición adaptada a sus necesidades.

En los albores del siglo XX, los hermanos Van Der Hagen conocieron al gran Backhaus y así nació la sociedad que crearía la fórmula de leches infantiles. El nombre Nutricia fue adoptado en 1901 y rápidamente ganó popularidad y se hizo conocido como «La nodriza de los Países Bajos» (la empresa estaba radicada en Holanda). Indudablemente, Nutricia fue pionera en el concepto de nutrición especializada.

Joint venture exitoso                                                                                                                                                                            

Ya hemos señalado el enorme respaldo que tiene Nutricia: Danone.  Esta sinergia logró generar productos que van desde fórmulas infantiles hasta nutrición especializada para bebés con necesidades específicas y para madres lactantes. Son 120 años de trayectoria especializándose en nutrición temprana.

Si sumamos a Bagó, socio de Nutricia desde el año 2000, aportamos casi 90 año más de prestigio farmacéutico. ¿El resultado? Un joint venture exitoso que logró algo mucho más profundo que vender fórmulas infantiles en nuestro país: consiguió demostrar la importancia de la nutrición temprana, al punto que la marca Nutrilon es hoy casi un genérico.

 

La imagen data de 1956

Gregorio Zidar

 

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